El creciente y cambiante “fantasma” del fraude electoral. Excélsior

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nota original publicada por:  Leo Zuckermann  el día 18/06/2012
en su colunma de opinión de:  El Excelsior.com.mx


Este país ha gastado miles de millones de dólares para erradicar la vieja práctica autoritaria del fraude electoral. Hemos construido instituciones para evitar que se modifique la voluntad del electorado a partir del principio de la total desconfianza de los competidores. El haber resuelto el tema del fraude electoral es uno de los grandes logros de nuestra historia, incluso reconocido a nivel internacional. Y, sin embargo, todavía hay muchos convencidos de que una “mano negra” puede meterse al proceso electoral para cambiar los resultados a su favor. En vísperas de ir una vez más a las urnas, el “fantasma” del fraude electoral vuelve a rondar en la mente de muchos, sobre todo las de los que piensan que pueden perder.
En lo personal, este fantasmita no sólo no me quita el sueño sino que ya hasta me aburre. Yo creo, como dice José Woldenberg, que “pueden producirse irregularidades en una casilla o en un conjunto de casillas. Pero un fraude maquinado centralmente es imposible”. En un magnífico artículo en Reforma, el ex presidente del IFE menciona cada una de las instituciones que se han desarrollado para tener elecciones donde sea imposible “modificar, alterar, maquillar, los votos que se depositan en las urnas”.
Woldenberg menciona los controles que hay en el padrón electoral y la lista nominal, la utilización de boletas infalsificables, los elementos de seguridad de las credenciales de elector con fotografía, los listados que contienen no sólo el nombre de los votantes sino su rostro, las marcas que se hacen en las credenciales después de votar y en el dedo pulgar del elector con tinta indeleble y las mamparas con cortinilla para asegurar que el votante vote sin que nadie lo observe. También está el sorteo de casi un millón de ciudadanos que son los que durante la jornada electoral instalan las casillas, reciben los votos, los cuentan y llenan las actas. “Es difícil pensar —dice Woldenberg— que puedan amafiarse para beneficiar o perjudicar a alguien, pero, por si las moscas, los partidos tienen el derecho de nombrar a sus propios representantes, que pueden observar todo el proceso desde la instalación hasta la clausura de la casilla, incluyendo por supuesto el conteo de los votos”.
Esto en cuanto a la posibilidad de una maquinación central para modificar la votación. Ahora bien, hasta 2007, en México también existía el concepto de la “nulidad abstracta” de una elección por la existencia de irregularidades generalizadas más allá de lo ocurrido el día de la elección. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anuló en 2000 la elección de gobernador en Tabasco, en 2001 la de alcalde de Ciudad Juárez y en 2003 la de gobernador de Colima porque se detectaron irregularidades que, según los magistrados, cambiaron la voluntad del electorado.
Cuando las elecciones se repitieron, volvieron a ganar los mismos partidos. Todavía hace seis años se invocó la posibilidad de una nulidad abstracta de la elección presidencial ya que la izquierda consideró que el proceso fue inequitativo. En particular se mencionó el activismo del presidente Fox a favor de Calderón. Y aunque el TEPJF reconoció que la elección estuvo en peligro por este hecho, decidió no anularla porque no fueron determinantes para el resultado.
La buena noticia es que también hemos resuelto el tema de la nulidad abstracta. Fue una de la pocas reformas positivas de 2007. La Constitución ahora dice que el Tribunal sólo podrá “declarar la nulidad de una elección por las causales que expresamente se establezcan en las leyes”. En el caso de la presidencial, cuando en 25% de las casillas se hayan comprobado una serie de irregularidades (como la instalación de éstas en otro lugar, errores en el cómputo, votos de personas sin derecho, presión sobre la mesa directiva y eventos violentos). También cuando no se hayan instalado 25% o más de las casillas o el ganador resulte inelegible.
Ya no hay, por tanto, la posibilidad de anular la elección presidencial más que por estas razones. No obstante, muchos están volviendo a invocar el “fantasma” del fraude incluido el candidato presidencial de la izquierda. El problema es que este espectro, cada elección que pasa, se va haciendo más grande y va incluyendo nuevas cosas. Antes eran las prácticas fraudulentas que se hacían en las casillas el día de la elección. Eso se solucionó aunque muchos todavía no lo crean. Fue un gran logro. Luego apareció la idea de otro tipo de irregularidades que llevaron al extremo de anular elecciones que, cuando se repitieron con nuevas reglas, volvieron a arrojar los mismos resultados. Eso afortunadamente también ya se arregló.
Ahora el “fantasma” del fraude incluye nuevos temas como el manejo truculento de las encuestas, la participación de las televisoras para manipular al electorado y la intervención del crimen organizado a fin de amedrentar al electorado. Así es como el espectro del fraude electoral sigue creciendo y cambiando de apariencia. Parece que estamos condenados a que esté ahí para siempre a pesar de todo lo que hemos hecho para superarlo.
                Twitter: @leozuckermann

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